Tuve la oportunidad de conocer este local en su etapa anterior, bajo otro nombre y dirección culinaria, y en aquel momento no logró consolidarse como una opción destacada. Afortunadamente, hoy vive una transformación notable al quedar en manos del Joseph Archbold, quien supo rescatarlo y devolverle vida con una propuesta clara, honesta y profundamente creativa.
La cocina de Archbold puede parecer, a primera vista, sencilla e incluso irreverente, pero ahí radica precisamente su mérito: convertir ingredientes tradicionales como el ñame y el zapallo en auténticos protagonistas, elevados a una categoría que él mismo define como “caviar”. El uso de hierbas cultivadas en casa aporta aromas, texturas y sabores que se integran de forma armónica y sorprendente, creando experiencias gastronómicas poco comunes y memorables.
La velada inició con los cócteles. El Tequila Sunrise resultó equilibrado y refrescante, pero el ron con piña ahumada merece una mención especial: una combinación magistral donde el ahumado, la fruta y el ron se funden de manera extraordinaria, posiblemente uno de los mejores tragos que he probado.
Como entradas, el hummus de zapallo y el mero al grill acevichado destacaron por su equilibrio, complejidad de sabores y una presentación impecable. En los platos fuertes, el pulpo a la brasa sobre cama de ñame con salsa de la casa se posiciona, sin duda, como la carta insignia: sencillamente insuperable.
El cierre fue a la altura de toda la experiencia. La piña ahumada sobre crema montada, delicada y nada empalagosa, logra un balance perfecto entre dulzura y frescura. El mousse de cacao, servido dentro del fruto y acompañado de galleta de concha de guineo, ofrece una auténtica explosión de sabores.
A todo esto se suma un servicio atento y profesional, música agradable a un volumen adecuado y un acogedor ambiente de jardín que invita a quedarse. Por estas razones, no dudo en otorgarle una calificación de 100/100.
Apoyemos iniciativas como esta: jóvenes que se atreven a innovar, a dignificar productos considerados “simples” y a demostrar que con vocación, creatividad y compromiso, todo es posible.