Jorge se lució en las atenciones. Muy presente pero sin invadir.
Las entradas, platos principales y postres muy delicados en la combinación de sabores y texturas. Hubo una entrada de salmón superlativa y el risotto nos hizo agua la boca en cada porción. Tuvimos la fortuna de escoger un vino uruguayo de uva Tannat, que resultó un descubrimiento agradable y muy a la manera de nosotros, seco con sabores de maderas y cuero, complementando lo anterior.
Al final, el postre de cada uno invitaba a jugar con la textura del grape nut y del merengue, junto a los helados y las fresas.