No decepcionó en lo absoluto. La atención fue de primera, los postres fuera de este mundo y el café bueno, bonito y para mi asombro barato. Te sientes realmente como en una pastelería francesa: un lugar chiquito (no es una crítica), acogedor y bastante completo en cuanto a panes, dulces y hasta comida si quieres algo más salado y pesado.




