Un restaurante pequeño muy hogareño con un trato muy cariñoso de parte de la Sra Olga muy atenta en todo momento te hace sentir en casa, yo pedí los huevos rancheros muy ricos y una buena porción, mi esposa también quedo muy contenta sobre todo por el sabor de las hojaldre y tortillas, todos los ingrediente se sienten frescos pero lo que más le gusto a ella fue el licuado de fresa el cual yo también probé y déjeme decirle hay lugares de más lujo, más costoso y no te entrega ese sabor en un licuado de fresca. El ambiente es muy hogareño nada lujoso pero acogedor. Muy recomendado


