No sé si fue mala suerte, porque no sigo el futbol, pero casualmente decidí ir durante los juegos de Panamá contra Belice y Costa Rica, así que el lugar estaba llenísimo y la comida tardó un milenio en salir. Los meseros pueden ser algo groseros. La comida está bien, pero los precios son demasiado altos, no tan acorde al sabor. La música estaba muy alta, no solo para conversar sino también para discutir el juego.
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