Soy un fanático de la comida española y tenía muchas expectativas con este restaurante. No me decepcionó, pero tampoco me sorprendió. El ambiente me pareció más apropiado para compartir unos tragos y tapeos. De hecho, las tapas estuvieron mejor que la comida. Pedimos las patatas bravas (excelentes), el 🐙 a las brasas (sabroso) y las croquetas de serrano (buenas). De plato fuerte, solomillo con vegetales (muy bueno), arroz de solomillo (no tan bueno, pues nos pareció demasiado adobado, con un sabor muy intenso), el arroz negro con chicharron y camarones (mejor, pero nada extraordinario) y fish and chips (normal). De postre crema catalana (buena) y cheesecake (muy bueno). Todo esto lo acompañamos con unas cañas de la casa (muy buenas), limonadas y sangría (muy buenas tambien). No resulto lo que esperaba, maxime considerando que es bastante caro.

