En primer lugar, habíamos reservado en la terraza y al llegar no teníamos mesa. Segundo, no sanitizaron al menos una mesa al terminar de comer otros comensales. Tercero, esta vez todo lo que pedimos estaba excesivamente dulce (KFC, coles, rissotto), cero balance. Lo único que salvó la patria fueron los pork belly buns. Cuarto, el volumen de la música altísima, casi no entendíamos a los meseros con sus mascarillas y caretas. Primera vez que nos decepciona Brutto.
