Acogedor espacio en el lindero del casco, con terraza y agradable vista al mar. Probamos 3 tapas, 2 de las cuales estaban deliciosas (los garbanzos fritos con tocino y los dados de entrecort, que es el new york stake). La 3ra tapa eran unas patatas bravas que encontramos demasiado simples, por lo que no las recomiendo. Las cervezas estaban bien frías y la sangría muy buena. De postre probamos unas torrejas que estaban muy buenas. Sin duda volveremos, sobre todo para probar las paellas, que son la especialidad de la casa y en esta ocasión no teníamos tanta hambre como para pedirla, pues los servicios son bastante grandes (para 2 personas).
