Este lugar me evoca a mi juventud, donde iba mucho con mis padres. Teníamos mucho tiempo de no ir porque la atención me parecía pobre. Ayer volvimos y esta vez la experiencia fue agradable, nos atendieron rápido y amablemente. Fuimos a desayunar porque no encantan las hojaldres, y están riquísimas!! El bistec un poco duro el de mi esposo pero cortándolo en pequeños trozos de dejó comer. El emparedado en hojaldre de pierna con mozzarella según mi hija está súper delicioso. Volveremos por más.

