Tenía añales que no visitaba este restaurante, pero gracias a un buen amigo que cumplió años y nos reunió aquí, tuvimos la oportunidad de visitarlo nuevamente. El sitio está totalmente remodelado con un look moderno y acogedor. Como estábamos en son de celebración de cumpleaños pedimos en su mayoría tapas y entradas para compartir. Empezamos con croquetas de chistorra y de jamón que estaban en su punto, crujientes por fuera y delicadas y deliciosas por dentro. Iniciando también pedimos patatas a la brava cuya salsa me recordó las visitas que de niño hice a la familia en España. También pedimos unas almejas a la mantequilla de jeréz que estaban deliciosas, al punto que no dejamos que se llevaran el plato hasta que pudimos acabar con la salsa a punta de pan. Pedimos las angulas con camarones, con una salsa de ajo, que estuvieron deliciosas con todo y que eran procesadas (aunque el mesero nos sopló que tienen de las de verdad por pedido y precio especial). Dejando lo mejor para el final, probamos tres platillos que estuvieron inmejorables: Sepia rellena de queso manchego, calamares a la tinta negra rellenos de langosta y los piquillos rellenos de bacalao, cada uno mejor que el otro, simplemente deliciosos. Las porciones de todos los platillos que degustamos esta noche estuvieron de buen tamaño y fueron suficientes para una mesa donde eramos siete personas. La atención fue excelente, desde el mesero jefe que tomaba las órdenes y nos aconsejó sobre que pedir, pasando por el mesero de bar que estuvo atento de nuestras bebidas toda la noche hasta los meseros que traían y retiraban el desfile de platos de la mesa. Todo estuvo impecable y nos dejó con unas grandes ganas de regresar.... Personalmente, cuando vuelva, voy por el osobuco.
