El sitio es precioso, entrar en un jardín rodeado de torres es entrar en otra dimensión. La recepción amable y cálida. Disfrutamos de la cena pero sin sorpresas. Lo mejor el colon de pollo por sencillo auténtico y sabroso. Las costllitas de cordero estaban secas y la corvina perfecta de cocción pero sin hacerte perder el sentido. Por eso al final me resulto una experiencia un tanto cara. Dos entradas, dos principales, un postre, un café y una botella de La Granja de Alejandro Fernández 145 mas propinas.
