Local ruidoso. Atención desordenada y desatenta, hay que hacer un esfuerzo para que los meseros atiendan un llamado. Ellos toman los pedidos pasando por encima de las conversaciones y con la pésima acústica del local ésto se transforma en una pesadilla. El gerente del comedor hizo un buen esfuerzo por atender, pero apenas desaparecía, el caos entre los meseros volvía a imperar. El "sommelier" nos trajo prosecco a temperatura ambiente y sirvió las copas hasta muy arriba (nunca se debe hacer esto ya que la temperatura ambiente entibiará el espumante muy rápidamente). Las botellas de vino blanco y prosecco no fueron mantenidas en un cubo con hielo como corresponde (para mantenerlas frías... duh). Las entradas de conservas o latas que no impresionan. Las berenjenas y el pescado en aceite de oliva estaban aceptables. OJO: solo aceptables. Entre los platos de fondo el pulpo estaba excesivamente condimentado, la corvina llegó demasiado cocida y seca, tanto que lo devolvimos a la cocina, el risotto de hongos demasiado salado, la ensalada griega con sus ingredientes cortados en trozos demasiado grandes (¿para ahorrar tiempo en la cocina o para que uno termine de prepararla en la mesa? Baños sucios, supongo que se limpian al abrir el local y al cerrar solamente. Nos fuimos de Meze aturdidos por el ruido y roncos por tanto hablar levantando la voz para oírnos a nosotros mismos además de poco sorprendidos por la comida pero sí sorprendidos por la mala relación precio-calidad ¡Candidato para Kitchen Nightmares!
