Hemos ido varias veces y la experiencia siempre es la misma: la comida es muy buena y los precios son razonables, pero la bulla en el comedor es enloquecedora. Como no hay manteles ni servbilletas de tela, alfombras, cortinas, almohadones ni telas de ningún tipo, el comedor es una caja de resonancia. Entre la licuadora del bar, los niños gritando y la ocasional mesa de cacatúas de oficina happisonas celebrando el cumpleaños de alguna colega, hemos tenido que prescindir del aire acondicionado y salir a la terraza para poder comer sin sobresaltos.
