Domingo, con ganas de algo diferente y, sobre todo, de desayunar sin estrés. Salimos a explorar… y terminamos en Feel Good. El ambiente es moderno, sin pretensiones de lujo, pero muy agradable. Tiene ese “no sé qué” que te invita a quedarte más de la cuenta… y eso ya dice bastante. La atención, simplemente Triple A. Buena disposición desde el primer momento, atentos sin ser invasivos, de esos lugares donde te hacen sentir cómodo de verdad. Los platos entran por los ojos: presentación cuidada, combinaciones interesantes, todo con una línea fresca, balanceada y bien pensada. Se nota intención en cada detalle, y eso se agradece. ¿Conclusión? Definitivamente, un lugar al que regreso… y sin pensarlo mucho.




