¿Recuerdan ese dicho de “vengan porque se acaba”? Bueno, aquí aplica todo lo contrario: “no vengan, porque se acaba”. Literalmente ha sido una de las peores experiencias. Fuimos hace dos años y era otro lugar; ahora parece que están a punto de quebrar. Desde que llegamos no querían asignarnos mesa alegando un problema con la reserva. Lo entiendo, puede pasar, pero si el lugar está casi vacío, lo lógico es dejarnos sentar. Al final nos la dieron, pero fue una odisea. El menú es larguísimo, pero NO HAY COMIDA. No hay atún para los sushi, no hay pizzas, no hay cócteles, no hay cervezas, no hay postres… la lista sigue. La atención pésima: trajeron algunos platos y tardaron una eternidad en traer los demás; al camarero se le olvidaban las cosas. El ambiente igual de malo: música terrible, letreros decorativos dañados… un desastre total. En resumen: NO VENGAN, porque se acaba… y no en el buen sentido.

