Una grata sorpresa culinaria, sitio relajado y pintoresco en el Valle de Antón, con un servicio clase "A" del amigo Rudy, quien nos atendió como en casa. La pizza Italia Mía y Lasagna de carne recomendadisimas, así como las bebidas y cócteles preparados con esmero, frutas naturales y sabor. Relación de precio al producto recibido muy buena.



