Pedimos una pizza y la experiencia gastronómica fue muy buena: masa bien trabajada, ingredientes frescos y un sabor que recuerda mucho al local de San Francisco, lo cual es un mérito importante. El lugar en sí es agradable, con un ambiente bien cuidado y apropiado para pasar un buen rato. Sin embargo, el punto débil está en el servicio. La atención resulta descuidada y poco profesional, lo que contrasta con la calidad de la comida. Además, existe una práctica desconcertante: al llegar, el personal indica que no hay mesas disponibles, aunque es evidente que sí hay varias vacías. Este tipo de detalles genera frustración y empaña la experiencia general. En conclusión, vale la pena ir por la comida, que está a un nivel alto, pero el restaurante debería mejorar de manera urgente la gestión del servicio y disponibilidad de mesas.
