Franks Place ofrece un servicio de excelencia, con un personal muy atento, cortés y siempre dispuesto a compartir la historia del lugar y hacer buenas recomendaciones. El ambiente es, sin duda, mi favorito: tranquilo, con música jazz suave y luz tenue, perfecto para relajarse. La comida no fue lo que más disfruté, en especial las pizzas, que me parecieron un poco cargadas de condimento. Eso sí, las porciones son generosas, ideales para compartir en una próxima visita. Las pastaas uff suaves y delis. Gracias por el postre de cortesía.
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