Cuando llegamos al restaurante el estacionamiento (dos plazas) estaba vacío y el restaurante parecía cerrado. La puerta del restaurante no era muy obvia, pero al abrirla nos dimos cuenta que estaba abierto. Dentro también estaba vacío, a pesar de haber llegado al mediodía y un domingo. Al entrar fuimos muy bien atendidos. El menú tenía opciones para todos nosotros. Nos pedimos unas Costillas Tennesse Styles, una Picada Brooklin y unos Quesatacos de Birria. La comida estab muy rica, pero no nos quedamos con esas ganas de regresar.



