La trattoria estaba a capacidad y nos ubicaron en nuestra mesa reservada enseguida. Elegimos una entusiasta sangría para iniciar y acompañar la Salumeria y Carpaccio de pulpo, perfecta elección y sobretodo la burrata deliciosa y fresca. De platos fuertes disfrutamos: Rigatoni alla Nora, risotto y spaghetti Alfredo con prosciuto en distintas texturas. Las pastas frescas hechas en casa en su punto, las salsas untuosas y bien sazonadas y el risotto fabuloso. De postres nos volvimos locos y pedimos: el tiramisú, el helado y el de pistacho con nutella. Son porciones perfectas para compartir, pero sin hipocresía cada uno se comió su postre completo. Muy buena la atención, quizás hubo un tiempo largo entre la entrada y los platos fuertes pero fue justo y necesario. El lugar invita a la sobremesa. Regresaremos.
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