Servicio y bienvenida, impecables. Lugar, precioso con ambiente relajado e íntimo. La comida, variada y muy bien preparada (todo con cierto giro de originalidad distintivo). Soy muy parcial hacia los vinos umbros y toscanos, por lo que la selección disponible es muy de mi agrado (con Chianti más clásico, blends más modernos y hasta "Super Toscanos", además de vinos de otras partes del mundo). El carpaccio di manzo tenía un toque trufado que lo puso entre los mejores que haya probado jamás. El Baccalá Nero en salsa de pistachos con el risotto cacio e Pepe estuvo delicioso y único. No dudaré en regresar.

