Era nuestro primer aniversario y fue una excelente opción para vivir este momento memorable. Fuimos atendidos por Adolfo, un mesonero excepcional, muy atento y siempre diligente a conocer como nos encontramos y cumplir cada uno de los caprichos que teníamos. Desde la entrada hasta el final fue una experiencia inolvidable. Las croquetas de prosciutto algo de otro nivel y sin mencionar las tremendas pastas de pollo y salmón que estaban de muerte lenta; y como toque final una tarta de chocolate impecable.


