Estaba lloviendo y fuimos a la parte del restaurante cerrado, con vidrios alrededor para apreciar la bella vista de la ciudad. El menú es distinto, que al aire libre. Quedamos muy complacidos, la atención de Alfredo, muy buena. La comida deliciosa. Iniciamos con unas croquetas ibéricas, deliciosas. El pulpo al carbón exquisito y muy buena cantidad,’de postre una panacota con sirope de fresa. De beber a mi esposo se le antojó un mojito bastante "exótico” con toque de canela. Me encantó el ambiente, la música de fondo espectacular tipo bossa nova, maravillosa. Ideal si quieres sorprender. Puede ser romántico, para familias adultas o amigos. Regresaré…
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