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De casualidad quedé aquí, íbamos a ptro lugar pero comp tengo una regal de que un restaurante sin comensales es peligroso comer desistí del primer lugary vinimos a este restaurante cuyo letrero nos coqueteaba desde la calle 50. La atención es buena al igual que la gotera que caía a un costado de nuestra mesa desde la salida del aire acondicionado y que nos avisava cada cinco minutos que estabamos vivos. En cuanto a la comida pedimos un cerdo frito, no recuerdo el nombre del plato, estaba sin sal, pero cuando le puse un punto, quedó muy rico, crocante y seco, lo acompañaban 4 patacones lo acompañó una salsita muy rica que me pareció era huancaína. De fuerte, pedí su versión de jalea de mariscos, se llama piqueo, y tiene calamar, pescado, almejas, anillos de calamar; todos rebozados en harina (confieso que el calamar, anillos y almeja estaba sin sabor y fríos, como que los tenían hecho y un poco aceitosos -la almeja- y saqué el pescado porque estaba rico) lo acompasn con un encurtido de cebolla morada muy rico y yuca frita. Bebimos agua porque estoy en retiro de sodas. El lugar es agradable, no creo que vuelva a ir, pero tienen otras cosas interesantes que puede valer la pena comer como el pollo a la parrilla, las chuletas, los tallarines y el arroz chaufa quenlo vi servido en otra mesa y me pareció bien presentado.

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