Me gustó mucho el concepto ya que es la única opción de ''tap room'' con cocina en Amador. La música es excelente, buen rock de todos los tiempos, aunque el volumen estaba demasiado alto y se hace difícil conversar sin tener que gritar, eso es bastante molesto. El lugar es amplio y abierto. Suma mucho que es ''pet friendly''. La comida es muy rica y tiene ese toque mediterráneo oriental que la hace diferente pero las alitas dejan un poco que desear por el tamaño y sabor demasiado normal. En cambio, los sliders de la casa que son básicamente Kabab oriental, son deliciosos. Tienen buena variedad en cervezas artesanales nacionales de barril y cervezas hechas por ellos. El servicio es bueno porque las personas que atienden son muy amables y conocen el menú, lo malo es que no es muy ágil, cada cosa que uno pide demora mucho porque las meseras se ven desbordadas de trabajo.



