Voy con cierta frecuencia a este lugar porque los hot-dogs son realmente clase aparte. Siempre me tratan de animar con el menú ejecutivo pero sucede que casi siempre llevo comida casera a mi oficina y cuando no llevo se me antojan los hot dogs o los tequeños, y ocasionalmente también las empanadas. Me sorprendió un comentario sobre su dueña, a quien tengo en alta estima porque ha sido cordial conmigo y con otras personas, sin embargo, es probable que se encontrara desbordada con pedidos o incómoda por algo que se escapó de su control (está muy pendiente de la calidad)...conversando con ella, me he enterado de cómo elige y supervisa cada ingrediente, por lo cual se me antoja hacerle un pequeño reconocimiento pues le preocupa el comentario sobre su atención. La persona que hizo la crítica tiene todo el derecho de sentir lo que sintió, eso está claro. Al mismo tiempo, una crítica debe ser siempre agradecida para revisar en qué podemos estar fallando y estoy seguro que ellos leyeron con interés y preocupación el comentario. No puedo, sin embargo, evitar sugerirle a la persona, que repita la visita. Finalizo felicitando con mucha objetividad a sus dueños, quienes hacen un interesante esfuerzo por ofrecer la opción de la comida venezolana y colombiana en las mejores condiciones posibles en este mercado, cada vez mas grande y multicultural.
