Se ha puesto de moda en Panamá aquello de comer alitas y me ocurrió igualito como cuando compré un BlackBerry o hace unos años pagué un dineral por unos suéters Lacoste que no los valen; decidí finalmente conocer este restaurante. Hice mi pedido para llevar un sábado cualquiera y lo primero negativo consiste en la larguísima espera que tuve que aguantarme. Se han quedado chicos y se nota que la espera tiene que ver con la enorme cantidad de pedidos a domicilio que se hacen. Considero que las alitas, aunque no estaban malas, no lo valen. Se dejan comer y todo lo que quieras pero no me sentí satisecho con la relación precio / calidad. En realidad no tienen nada en especial y no hay dificultad en hacerlas mucho mejor por cuenta propia. Hay mejores opciones y a mejor precio. Mi esposa fue de la misma opinión y más nunca ha sugerido que se las traiga. Me sentí, al igual que cuando compré el teléfono y los suéteres, muy decepcionado. Es hora que me haga hombre y me deje de llevar por las modas de la plaza.
