La comida fue muy argentina y de una proporción calidad-precio insuperable. Martín Fierro es tan Años Locos que me impresionó, pero en edición limitada a una extraña dimensión íntima y reservada, ideal para el turismo templado norte americano. Algo que place a los remanentes que quedan de mi alma extranjera. El amigo Gilles trajo de Francia un muestrario de tres quesos franceses de inaudita calidad. A saber. Un “Sélection Saint-Marcellin au lait cru”, de la casa Étoile du Vercors. Un queso de cabra “Cabecou” de la casa Étoile du Quercy. Y un “Le Palet de Causses” de la casa Étoile du Quercy. La comida local, muy bien hecha. APERITIVOS: pulpo gallego, bolas de ceviche frito y pimentones al escabeche. PLATOS CENTRALES: tres órdenes de chorizos, una de molleja, una de entraña, dos de vacío y dos de tiritas con hueso. POSTRES: tarta helada, tres flanes y dos copas de helado de vainilla.
