Visité este restaurante hace unas semanas atrás. A pesar de que no cuenta con muchos estacionamientos y que el lugar es relativamente pequeño, siempre se mantuvo lleno. Las alitas, en sus dos versiones, dulce y picantes, estaban deliciosas. La atención muy buena y atenta. Las empanaditas muy ricas. El ambiente acogedor. Sus precios, un poco altos, pero he visitado otros restaurantes coreanos, y casi todos mantienen una media en sus precios (todos muy parecidos) Toda la comida, se presta para compartir por lo que puedes aventurarte y probar muchos de ellos. Los side dishes, muy originales. No dudo en regresar.
