La paella dejó mucho que desear, algunas partes del arroz no estaban bien cocidas, estaba muy salada y seguramente le pusieron un colorante artificial en lugar de azafrán, porque no se quitaba el color amarillo de las manos y boca. El servicio aunque siempre atento, fue muy lento, tardaban demasiado en traer las bebidas y otras cosas, hasta la cuenta tardó en llegar demasiado. Pero no todo estuvo mal, el gazpacho andaluz estaba delicioso y los pulpos a la gallega también. Si decido regresar alguna vez, definitivamente consideraré únicamente pedir tapas.
