Siempre había ido al Charro pero el que esta al final de Calle 50, me parece que por ser pequeño es más acogedor/familiar en comparación a este. Estuve sentada en la parte de la terraza de atrás, que cuando llegué estaba realtivamente vacía, lo cual hizo que no nos atendieran hasta que llamamos a alguien, se olvidaron de los clientes en esa parte del restaurante. Luego se fue llenando y por la cantidad de gente era difícil que atendieran a buen ritmo, aún así hubo una chica que salvó la noche, no era camarera, parecía que trabajaba en la cocina pero fue sumamente amable y dispuesta a ayudar. La comida rica, buenas cantidades en relación al costo. El flan es sumamente recomendado.
