Siempre suelo comer en Pastissima de San Francisco, el cual adoro con locura y más cuando está el dueño por allí. Hace unas semanas comí en la sucursal del Casco y casi me desplomo de la mesa con el precio que me tocó pagar por una pasta con langosta. La comida es exquisita pero el precio estuvo exagerado. El ambiente estupendo y la atención inmejorable.
