Fuimos a Casa Blanca para celebrarle el cumpleaños a una amiga; al llegar me pareció bastante agradable el lugar, con música de fondo, solo que un poco pequeño. En cuanto al servicio fue bastante lento y al mesero le faltaba ser más chispa. La comida variaba... entre lo que pedimos, les recomiendo sin lugar a dudas: el róbalo, que estaba riquísimo y la paella San Felipe, que al llegar a la mesa tenía un aroma y un sabor TAN exquisito a mariscos (me encantó); las hamburguesas estaban regular, no tenían nada de espectacular y por el último el cheesecake de maracuyá que estaba delicioso.
