Empezando por la ubicación, no es un lugar muy concurrido, estaba ubicado en una pequeña esquina de lo que parecía una barriada, no había donde estacionarse salvo que te montaras a la acera. El local es un poco chico, la decoración del lugar mas parecia una pequeña casa sencilla, había moscas a cada rato por lo que era un poco molesto. Pasando a la comida, pedimos de entrada media orden de alitas, nos dieron 12 pedazos, una gran porción la verdad y estaban deliciosos, full recomendado, el pancake coreano también estaba delicioso, los platos fuertes, eran lo mismos que venden en otros restaurante coreanos. La atención estuvo bien, las meseras eran amables y atentas.



