Existe Valet parking. No trate de estacionar usted su auto en una calle llena de restaurantes. El chalet antiguo donde se ubica el restaurante es como un callejón largo. De tres metros de ancho por infinito de largo, esto hizo que la chusma ibérica que se reunió en la mesa contigua y la cual no dejó de gritar ni un minuto hiciera que todo el esfuerzo por complacer de los dueños fuera casi cero. Sugiero que en el techo por unos 2k pongan absorbentes de sonidos desagradables. La acústica del lugar es ninguna. Los precios son justos, los vinos asequibles. La comida buena. El lechón estuvo bueno, el mero regular, venía con espárragos que nunca llegaron. Pedimos agua tres veces que nunca fue servida. Quizá porque el IDAAN reparaba hoy tuberías del agua. Volveré a probar suerte en otra área de este rinconcito interesante si uno no se encuentra comensales vecinos sin educación.
