El sitio por fuera no hace honor a lo que es el lugar por dentro. Se nota la calidad de los conocimientos de sus empleados y de los alimentos. Mi única queja es que deberían reservar el derecho de admisión: Literalmente cada vez que he ido me ha tocado una mesa con gente borracha cerca y han hecho espectáculo. Menos mal el dueño siempre ha salido a llamar la atención, la gente cree que por el dinero tienen derecho a dañar el ambiente de un local de prestigio. Creo que deberían ahorrarse estos problemas evitando la entrada de gente así. Les recomiendo también que así como gustosamente su dueño y chef se acerca a las mesas a hablar con los comensales, deberían ofrecer una vista a la bodega de vinos que tan bonita es. Un gusto comer allí.
