Un trato jovial desde nuestra llegada. De entrada pedimos aguacate relleno de langostinos, que estuvo de muerte lenta, y una ensalada de casa. De plato fuerte (no estaba en el menú), lengua al chianti, que tenía un toque de vino espectacular, y unas chuletitas de ternera, con una salsa de hongos exquisitas, que estuvieron acompañados por vegetales salteados. Y de postre un parfait de amaretto. El Chef Rafa salió varias veces a ver como estaba todo!!!! No hay quejas.
