Comida
Servicio
Ambiente

La comida fue realmente espectacular. Todo lo que probamos estaba delicioso y, precisamente por eso, resulta una verdadera lástima que una experiencia gastronómica tan buena se vea opacada por un servicio tan deficiente. Desde que llegamos tuvimos que esperar más de diez minutos para que alguien nos recibiera y nos entregara el menú. Durante ese tiempo, literalmente parecía que éramos invisibles. Lamentablemente, la atención no mejoró. La mesera tomó mal uno de los pedidos, lo que implicó una demora adicional mientras cambiaban el plato. Tampoco tuvieron la cortesía de traer azúcar con los cafés ni de retirar oportunamente los platos de la mesa. Sin embargo, lo más incómodo ocurrió al momento de retirarnos. Ya habíamos salido del restaurante, tomado el elevador y atravesado los accesos cuando nos dimos cuenta de que necesitábamos regresar para solicitar el tiquete de cortesía del estacionamiento. Al volver, comentamos con la misma mesera que habría sido muy útil que nos preguntara si habíamos llegado en auto, precisamente para evitarnos todo ese recorrido nuevamente. Su respuesta, en un tono bastante poco amable, fue que ella “no sabía que habíamos llevado auto”. Por supuesto, justamente ese es el punto: podía haber preguntado como una cortesía básica al cliente. Curiosamente, sí recordó preguntar si podía incluir la propina, a pesar de que durante toda la atención faltaron varios de esos pequeños detalles que hacen la diferencia en un buen servicio. Es una verdadera lástima que un restaurante con una comida tan deliciosa pueda perder clientes por un servicio tan mediocre. La cocina merece reconocimiento; la atención, definitivamente, necesita mejorar muchísimo.

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