El lugar es chico y tiene como alrededor de 15 mesas adentro y otras en la terraza. La mesas muy cercas y hay mucho ruido, hay que gritar y esto hace difícil el conversar. Le falta algo para controlar esto. Tienen un violinista que toca y lastimosamente incrementa el ruido y complica el poder escuchar. Recomiendo al restaurante trabajar en esto del exceso de ruido.
