El lugar es hermoso, con una atención espectacular por parte de George, el cubano. De entrada pedimos unas papás bravas y croquetas de jamón ibérico. Como plato principal, una paella de mariscos para tres personas, estuvo deliciosa. Nos encantó, de las mejores de Panamá definitivamente. Fui un domingo, hay música en vivo en la terraza y se debe hacer reserva. Definitivamente volvería a ir.
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