Rachelle y yo vinimos por primera vez acá para celebrar nuestro 17.º aniversario de casados, después de tener tiempo queriendo venir, y la ocasión fue perfecta. El ambiente es encantador, la comida exquisita —aunque en porciones un poco pequeñas, pero suficientes— y los gin tonics, impecables: aplausos para el bartender por dejarlos justo al punto. Mención especial para Jerson, cuya atención fue simplemente insuperable. Sin duda, una experiencia para repetir.




