Es una perfecta opción en el Casco Viejo. Está en una esquina bien fresca, aunque el local tiene aire. El plan que hicimos fue comernos unas tapas y nos sirvieron un tinto de verano con una receta de ellos. Luego sacaron una cerveza que estaba helada. La cocina es ahí mismo en el local, pero nos sorprendió que no había olor de comida. El sitio es pequeño entonces vale la pena llamar antes. Es un ambiente bien relajado y por suerte pusieron música que nos gustó mucho. Algo muy bueno es que como queda al lado del Palacio de Gobierno (creo que se llama así), la zona es muy segura y se puede salir con tranquilidad.
Lo que más recomiendo es los calamares rebosados y las chistorras. Hay buena variedad de vino, pero la copa de tinto de verano con mucho hielo y la receta secreta que tienen me gustó mucho.
Usualmente no recomiendo, pero esto está bien bueno. La palabra es: agradable.