Esta cafetería ofrece un menú de 70 clases diferente de emparedados.
Además pizzas, cuya masa es tan delgada como una galleta (a mi gusto están buenas). Hot dog de salchicha y de chorizos. Wraps, frappes, además lo que yo hago es aprovecho y compro el ceviche o algún dip que tienen en el área de venta de productos, y esa es mi entrada.
La comida de este lugar me parece excelente en calidad y sabor. Creo que esta cafetería si la convierten en franquicia internacional, pisaría por mucho a otras más famosas.
Los wraps tienen tanto relleno, que parece que quisieran deshacerse de los ingredientes que tienen en la cocina.
Lastimosamente en las horas pico, las mesas escasean...pero aún así, me arriesgo a ir. Sino se puede comprar para llevar.
Qué agradable es poder disfrutar en la capital de restaurantes con comida como la que ofrece este.
Hicimos reservaciones, pensamos que eran dentro y cual no fue mi sorpresa que nos pusieron en la plaza. Más vale que no llovió....
El servicio inigualable. Nos regalaron puré de camote, nos dieron para llevar una vasija con una salsa de reducción de vino tinto con romero...que las palabras se quedan cortas. De cortesía dan yucas fritas con 2 tipos de salsa diferente.
De entrada un "hot dog" que en vez de pan es un plátano maduro relleno con entraña deshilachada ...... solo pienso en regresar para comerlo nuevamente.
La hamburguesa muy buena. No pedi angus sino una filete chiricano que, jugoso, maduro, exquisito con la salsa de vino tinto y romero antes mencionada.
La sangría en su punto...lástima que el tamaño de la entrada no permitió que guardara espacio para el postre.
Seguramente regresaré a por él.
La relación precio-calidad me pareció muy justa (teniendo en cuenta que no pedí nada angus, porque esos precios son más elevados).
Volveré. Felicidades a estos venezolanos por la atención brindada a los clientes. Son un ejemplo.
Definitivamente el sabor que he encontrado en la comida de este lugar, no lo he podido encontrar en ningún otro lugar. Una fusión de distintos ingredientes caribeños entre los que se puede resaltar en muchos platos la leche de coco.
Cada vez que como aquí (he ido varias veces y he invitado varios conocidos) me parece que me han invitado a comer en una casa caribeña, la comida tiene ese toque "casero" que no se encuentra en otros lugares, quizá es porque la dueña es la cocinera, y es colonense.
Las torrejas de bacalao, un pecado para la dieta, crujientes y deliciosas. El Icing glass, muy bueno. El flan de coco...punto y aparte. El pulpo al Caribe, y el bacalao...tienen una mezcla de sabores difícil de lograr. Lástima que en los langostinos no ponen mucho....Para el que no gusta de mariscos el pollo a la BBQ, tiene una salsa melcochosa, muy sabrosa.
Ofrecen siempre tres picantes: de mango, de tamarindo y tradicional.
El precio me parece un poco elevado sobretodo en las bebidas, pero aún así volvería una y otra vez.
La atención varía. A veces la dueña sale a tu mesa y entabla buenas conversaciones...otras veces hay pocos meseros.
El ambiente definitivamente se puede mejorar. Pero creo que logran en estos platos es único en el estilo caribeño que se brinda en los restaurantes de la ciudad de Panamá.
Pensé que por ser de un "hotel" tendrían algo fuera de lo común, pero no fue así.
La relación costo calidad está bastante desigual, creo que para lo que ofrecen, se pasan un poco en precio.
El ceviche, consitencia y frescura buenas, pero el sabor, se quedo dormido. Le faltó limón a tal punto que me toco exprimir la mitad que adornaba. Le falto sal, picante...uffff que mala muestra del ceviche panameño para los extranjeros que deseen degustarlo.
Fettuccini con mariscos: muchos fettuccini, pocos mariscos, buena cantidad, pero sin sabor. Me toco añadir mucha sal para encontrarle gusto...y dejé la mitad del plato, no por saciedad precisamente.
El pollo marinado...igual que el que cocino en casa. Los dulces tampoco fueron buenos. La atención....pedí factura y me dicen que sólamente dan facturas en la mañana (cosa que no entendí), así que por ser las 6 de la tarde, me quedé sin nada.
Ojalá, como se dice en buen panameño "se pusieran las pilas", ya que podrían atraer comensales no solo de sus huéspedes, sino también del casino.
Bueno, la verdad es que hacía mucho tiempo quería visitar este lugar...sobretodo por mi debilidad ante el pan y los quesos, en su versión más "refinada" el fondue.
La decoración me pareció buena, la atención muy buena, aunque debo mencionar que fuimos por mucho tiempo los únicos comensales. Desgraciadamente ese día no ofrecían muchos de los platos del menú por "falta de inventario"....pero bueno, a mi no me afecto porque yo iba por el fondue, y si lo tenían: justo lo que esperaba, ni más ni menos...lo único que para mi gusto la corteza del pan estaba muy blanda y la miga también.....pero ni modo.
También probé la entraña, en su punto. Lastimosamente no hubo espacio para el postre...pero creo que si tuviera la oportunidad de regresar lo haría gustosamente, en especial por los platos típicos que ofrecen.
Al llegar me di cuenta que el local es más grande de lo que imaginaba, ya que cuenta con varios salones independientes donde se puede tener mayor privacidad si se va en grupo.
No tengo máster en cocina peruana, pero me parece que la carta es bastante extensa. La mayoría de lo que ofrece: mariscos, cuyos precios los encontré bastante razonables.
Ceviche frito de entrada, para mi gusto, muy poco limón. Unos anillos de calamar, buenos: suaves, poco picantes, mucho sabor. No tenían chicha morada, mal inventario para ser restaurante peruano..De platos fuertes el chupe de camarones, bien de todo: sal, picante, sabor. El picante de mariscos, buena cantidad, pero estaba frío, y para tener crema de leche, el frío como que no le sienta muy bien. El cau cau, buena cantidad, pero le falto sal....Langostinos apanados, muy frescos.
El suspiro limeño, esperaba que tuviera algún "toque" especial....pero no, fue un simple y sencillo dulce de leche.
La atención si me pareció muy buena, nos complacieron en lo que pedimos con respecto a ubicación en restaurante y salsas adicionales para probar (huancaína).
Volvería, me parece comida peruana casera, nada exuberante.
Que tristeza que el ambiente, en cuanto a diseño de interiores y exteriores se refiere, no es muy bueno y el local es muy poco pequeño...deben invertir un poco en diseño, porque la comida está en un nivel muy superior al aspecto del local. Veo un gran potencial en este restaurante.
Con especialidad de mariscos, una muy variada carta. Los mariscos que pude probar, fueron bastante frescos. La cantidad de comida en los platos muy buena, aunque la presentación puede mejorar.
Me arriesgué con el chupe de camarones y no salí defraudada, estaba cremoso y con una mezcla de ingredientes que no pude descifrar, ideal para una cena en una tarde lluviosa.
La corvina a lo macho, buenas porciones, buen sabor, acompañada de un mixtos de mariscos en su salsa. El ceviche frito muy bueno.
De beber una chicha morada, bebida típica peruana hecha con maíz morado, canela y clavos, que tiene un ligero sabor a chicle....nueva experiencia al paladar.
Para los niños ofrecen no tienen gran variedad, y cierran muy temprano. La atención tampoco fue excelente. Creo que si trabajan un poco en los puntos débiles, con la comida que ofrecen pueden llegar lejos. Definitivamente volveré a probar el resto de especialidades peruanas que ofrecen...
Hace mucho tenía conmigo misma la deuda de visitar este restaurante, sobretodo para probar el desayuno.
Domingo en la mañana, por suerte bien en la mañana, ya que al llegar la gente acudía casi en fila desde la calle, los grupos parecían ir peregrinando, así que no tuve ningún problema en encontrarlo.
Unas torrejitas de maíz con puerco empezaron mi día, sabrosas y por supuesto un poco grasosas, pero valen la pena. El pai quat (o como se escriba) me gustó mucho, en especial porque el que había comido anteriormente tenía muchos huesos y este no. Ha Kao, siu mai y ham pao....normalitos, solo que los ham pao al vapor de puerco son un poco más pequeños de los que había probado.
El lechón asado, excelente, al igual que unos camarones fritos picantitos.
También probé un té de almendras (había probado antes la gelatina, pero no el té), el cual no es ningún té, sino una maicena con leche y extracto de almendras dulces. Bastante bueno, siempre me ha gustado ese sabor.
El ambiente....creo que es bastante comercial: poca decoración, y me pareciera que todos tenían un acelerador, porque había demasiada gente y había que atenderla a toda. Hubiese preferido fuera todo un poco más pausado, pero por lo demás, creo que volvería nuevamente.
Definitivamente, un reto en cuanto a mezclas de especias se refiere.
Lastimosamente la noche que fuimos, llegamos un poco tarde y al sentarnos y pedir, empezaron a voltear las sillas encimas de las mesas, es decir: nadie más puede sentarse. Hecho que no me hizo sentir nada bien, así empezó todo.
Pedimos varios platos, pero creo que mi paladar aún no está acostumbrado a la sazón hindú, por lo cual no puedo describir bien ni lo que era, ni a lo que sabía....lo único que puedo decir es que una bebida de yogurt con mango estaba muy buena. Pensé que sería más económico debido al ambiente que ofrece.
Tenía expectativas un poco altas por los comentarios que había leído del lugar, pero personalmente, no creo que regrese.
Había escuchado hablar de Casablanca y el día de la madre me hicieron una invitación para ir al lugar. Desgraciadamente, no pude apreciar el ambiente en su totalidad debido a la lluvia interminable de aquella semana.
Por el mal tiempo, no tenían abierto las sombrillas de la Plaza, por lo tanto cuando entré, ni siquiera me permitía caminar. Habían abierto una mesa plegable en medio del lugar, imagino que para aprovechar el espacio que seguramente estaría lleno debido a la fiesta del día de la madre. En una mesa de 8 personas nos pusieron a 10 más 3 niños, así que fue una incomodidad comer porque los platos no cabían en la mesa. Si no hubiese sido una invitación de seguro me hubiera retirado del lugar.
También tenían una orquesta en vivo, pero el volumen de los micrófonos estaba tan alto que a pesar de tener a los otros comensales bastante cercanos debido a la falta de espacio, a duras penas los podía escuchar. Me sentí en una discoteca en vez de un restaurante. Gracias a Dios la orquesta no fue eterna y se retiró cuando empecé con el plato fuerte.
Los patacones a la Morgan, patacones acompañados con una cazuelita de mariscos en salsa bechamel que estaba en su punto.
Tuve la oportunidad de probar la carne a las 3 pimientas, que me pareció un poco dura. La brocheta de carne de res, excelente. El salmón al maracuyá...buen pescado, sin embargo la presentación y la salsa me dejó un poco inconclusa. Las pastas al olio con pollo: no recomendadas, no tenían sal, nunca encontré el sabor del aceite, que esperaba que al menos fuera de oliva o con alguna especia, pero no, me quedé esperando. No vale la pena.
De los postres, el pastel de queso deja mucho que pedir: pequeño, y el queso no parece 100% philadelfia, tenía alguna añadidura de almidón que hacía la receta infiel. Sin embargo el brownie fue de otra categoría: la quintaesencia del chocolate...
En resumen, el restaurante está bien para pasar un buen rato pero no para celebrar un acotecimiento especial.
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