Tenía el interés de visitar Hazard, por la temática, sin embargo, creo que toda la gracia se agota en las paredes. Me refiero a que la decoración de paredes, mesas con ánime está cool, pero no se brinda una experiencia, particularmente, memorable. La atención es, incluso, desinteresada. La comida no es gran cosa: los siu mai fritos tenían una salsa algo dulce y estaba buena; el ramen de pollo tenía muchísimo más fideo que caldo y no estaba tan rico; los sushis tenían buen sabor, pero eran pequeños, el yakisoba no dista mucho de un chow mein promedio. El cóctel que pedí, no recuerdo su nombre, pero era a base de sake y ron blanco y quizás, fue lo que más me gustó de todo lo probado. No me quedan razones para volver.
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