El restaurante tiene dos ambientes, al aire libre y el local cerrado con aire, sin embargo el ruido de la licuidaro y otros aparatos de la cocina retumban en tus oídos, por otro lado las mesas están super pegadas unas a las otras. Pedimos café con leche 4.00, un cappuccino 4.50 y un ponche de frutas 4.50; fueron las tazas más pequeñas en las q me han servido jamás. Probamos la tabla brunch "sabor de Michel" (14.00), q traía un omelet de queso, un pancake, media tostada francesa, unas tiras de bacon y unas papitas bravas con tres mini porciones de piña, sandia y melón; también un burrito de pollo q trae papitas bravas también (12.00) y finalmente un Omelette Western, con mozzarella, champignones y chorizo, con papitas bravas. Tenía otras expectativas...



