Un restaurante que apenas entras te atrapa con esa mística peruana encantadora. Los meseros muy atentos y dispuestos a explicarte la historia detrás de cada plato, sus recomendaciones de bebidas muy acertadas y la humildad y amabilidad del Chef Aristóteles para con todos los asistentes. Un lugar que vale la pena ir porque es 10/10 en todos los aspectos y realmente se vive la experiencia peruana al estilo de Nazca 21
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