Un lugar que se tiene que visitar y repetir. El ambiente totalmente fuera de serie. Tanta historia de nuestro país, y de los jesuitas en Panamá, restauración impecable, muchísimos detalles en cada rincón.Comimos en El Santuario. De entrada las carimañolas rellenas de pato y la ropa vieja deliciosas. De lejos vimos el dim sum y los langostinos, serán para la próxima visita. Pollo tandoori perfecto...jajaja la próxima el cordero. Risotto de hongos y tornados de filete de res espectacular. Pudin de Sticky Toffee de postre fue el ganador. Todos super atentos, incluyendo al dueño, Chris, quien siempre muy pendiente de todos los comensales. Los felicito...




