Para mí, tienen las mejores alitas y boneless de toda la ciudad; no solo por su tamaño y la variedad de sus salsas, sino por su sabor y la calidad que se percibe en cada mordida. La atención es excelente, rápida, cortez y pendiente. El ambiente es cómodo, muy deportivo y no aburre; aunque, quizás después de tantos años, una renovación en la decoración o mobiliario no le iría mal. Full, full recomendado!!!

