El lugar es super bonito, instagrameable. Todo el lugar es color lavanda y muy armonioso. La señora que nos atendió no fue muy amigable, se le notaba que estaba impaciente cuando se le hacía preguntas del menú. Tomé un capuccino que estaba bueno. Y pedimos un croqué monsieur y un dip french sandwich que estaban buenos. Al final un dulce de blueberrys. Y unos lattes de lavanda. Es complicado conseguir estacionamiento así que recomiendo ir temprano. Aunque el servicio puede mejorar.




