Ayer estuvimos en este excelente restaurante, fue una salida casual inventada a última hora, pero indudablemente fue la mejor decisión del día. En primer lugar el agradable ambiente, era cómo trasladarse a esos años donde la comunidad vivía en edificios con altas puertas y ventanas , con un patio común donde las familias compartían sus dichas y tristezas Por otro lado la comida panameña con un efectivo y sutil toque que la hace diferente y extraordinaria a la vez, el concolon, el pulpo con curry, la corvina, ese ceviche matador , el carpaccio de atún en yuca tostada, el mondongo a la culona…todo muy panameño, con su toque personal y demasiado sabroso. En particular para mi la música le daba otro toque de familiaridad al lugar que resultó ser un complemento espectacular. Finalmente ese raspao en paila con esos siropes de tamarindo y maracuya le dieron la coronación final a una hermosa e inolvidable noche con mi familia. Un especial agradecimiento a la chica que nos atendió y al chef por sus inigualables sugerencias y recomendaciones.


